Ayer finalizó en Roma la cumbre del hambre de Naciones Unidas. Hay que hacer una cumbre del hambre de vez en cuando porque 1000 millones de personas pasan hambre y 24 000 mueren al día de hambre, el 70% niños. Son cifras muy frías, pero quieren decir que si el mundo estuviera distribuido equitativamente, 1 de cada 6 personas que nos cruzamos a lo largo del día estaría muy flaquita, con síntomas de desnutrición, riesgo de enfermedades y, probablemente, pocas ganas de bromas. 1 de cada 6 miembros de nuestra familia, 1 de cada 6 compañeros de trabajo, 1 de cada 6 amigos.
¿Conclusiones en esta cumbre? Pocas, el acuerdo de mantener la promesa de reducir el número de hambrientos al 50% antes del 2015, lo cual ya era un Objetivo del Milenio. ¿Medidas concretas? Ayer, pocas. Los de la FAO dicen que porque en la última cumbre del G-8 extendida ya se establecieron ayudas muy gordas para los países con inseguridad alimentaria.
Pero eso es una tomadura de pelo. Siguen hablando de seguridad alimentaria, que quiere decir, asegurarse de que nadie pasa hambre. Si hay que enviar ayudas, se envían, pero que nadie pase hambre. Pero eso se demuestra insuficiente y, además, es perpetuar el problema. Hay otro concepto, del que los del G-8 no hablan ni de broma, que es el de soberanía alimentaria. Esto es de lo que hablan los campesinos del Sur y es, dadas las circunstancias, revolucionario. Quieren que se priorice la producción agrícola local, que todos los campesinos tengan acceso a la tierra y a las semillas, que se gestione el agua para que no falte en los cultivos y que los gobiernos puedan establecer restricciones a la importación de productos agrícolas.
Esto es lo contrario a lo que los gobiernos enriquecidos promueven. Su prioridad es exportar su propio excedente de producción a cualquier precio e importar lo más barato posible aquello que no tienen. Que el mercado lo regula solo, una vez más, se demuestra que es falso.
Hay un principio tabú que se debería respetar aquí. Lo dicen muchos movimientos sociales y lo ha dicho el Papa en esta cumbre (hasta el Papa lo dice…). Dice otras muchas cosas que le desprestigian, pero en esto creo que tiene razón y lo cito aun a riesgo de perder audiencia: “La Tierra puede alimentarnos a todos. Es despreciable la práctica de destruir alimentos por fines comerciales: la comida no se puede considerar como una mercancía“. Las negritas las pongo yo, porque son el meollo. Y añade: “…malnutrición y el hambre no dependen del crecimiento demográfico, sino de los mecanismos de distribución.”
Hay un movimiento sólido desde hace más de diez años a favor de la soberanía alimentaria: se llama Vía campesina.
Por cierto, ni una palabra de esto en la versión digital de El País ni en la versión digital de El Mundo. En la versión en papel de El País, sí. Y en BBC Mundo, una vez más.
Fotografía: Viandas, Yo soy Frankie, Flickr.