Hace un par de días leí un artículo titulado “La ciencia de las emociones positivas” en el número especial de National Geographic: Cerebro y emociones. Su autor, Carmelo Vázquez, catedrático de psicopatología, cita un estudio de una psicóloga de la Universidad de Carolina del Norte llamada Barbara Friedrickson. Copio el párrafo clave:
Esta investigadora (…) trabaja midiendo la reactividad en el sistema nervioso autónomo y en los músculos faciales de los voluntarios, sometiéndoles a tests de reacción computerizados que miden su capacidad cognitiva y de atención, y a precisos cuestionarios sobre sus experiencias emocionales subjetivas. Su teoría es que ciertas emociones específicas positivas (júbilo, contento, interés, orgullo, amor…) permiten, en primer lugar, ampliar los repertorios de pensamiento y acción de los seres humanos; bajo esos estados emocionales, el pensamiento y los repertorios de conducta se vuelven más creativos y más abiertos. Las emociones negativas son muy útiles justamente por lo contrario: en situaciones extremas, activan componentes psicofisiológicos muy específicos (sudoración y dilatación pupilar, por ejemplo) y ayudan a poner en marcha conductas bastante automáticas y estereotipadas (salir corriendo ante un pitbull que se nos aproximan ladrando), lo que se denomina patrones fijos de respuesta.
La negrita es mía. Si la investigación se confirma como una teoría sólida me parece que aporta, o confirma, información interesante para por lo menos dos ámbitos de la vida humana. El primero, el educativo, donde -con todas las dificultades que implica- estaría claro que un ambiente positivo de trabajo en el aula favorecería la creatividad y, como explica el artículo más adelante “conductas de exploración, dedicación y perseverancia”. El segundo, el laboral, por las mismas razones. Si buscamos un comportamiento que siga patrones fijos de respuesta, un clima laboral negativo -que entiendo, por contraposición a las emociones positivas que destaca el artículo como un ambiente aburrido, poco interesante, humillante o poco afectivo- es el que lo favorece. Si buscamos comportamientos creativos y más abiertos, hay que fomentar las emociones positivas y confiar en la naturaleza humana, que para eso la tenemos.
El texto del artículo.
Foto de Radio Nederland Wereldomroep, Flickr.
