Sigo leyendo a metros el especial de National Geography sobre cerebro y emociones y sigo encontrando cosas interesantes. Hoy un artículo sobre la educación emocional en las aulas de escuelas y colegios escrito por una pedagoga norteamericana llamada Linda Lantieri. Mucha gente piensa que los niños lo que tienen que hacer en el colegio es estudiar, sacar buenas notas y portarse bien. Esto les prepara para el futuro, para ir a la universidad o para enfrentarse al mercado laboral.
Otra gente piensa que en los colegios los niños deberían aprender también a ser felices. O, por evitar un término incómodo, aprender a estar satisfechos consigo mismos, estar orgullosos de sus decisiones y opciones, tener buenas relaciones con los demás, etc., todos sabemos más o menos de qué hablamos. Esto que la gente del estudio y la disciplina considerará ñoño o demasiado flower power parece que se podría replantear a la luz de algunos estudios científicos.
En las dos últimas décadas se ha estudiado científicamente cómo las emociones afectan inevitablemente al pensamiento racional cotidiano y a las decisiones y acciones que tomamos. Cuando esto se ha comprendido y aplicado al aula parece que además de repercutir en la salud emocional de los alumnos, repercute en su rendimiento académico, que es ligeramente superior.
Pensemos, sin necesidad de estudios científicos, en la gente que tiene que enfrentarse durante varios años de su vida a una oposición, o a un jefe cabrón, o a uno o varios compañeros de trabajo repugnantes, o a una cola de pacientes enfermos e impacientes, o a un presupuesto que no encaja, o a varios atascos al día o a una temporada de paro. ¿Les basta con haber sacado buenas notas en el bachillerato para lidiar saludablemente con esto? Probablemente no.
Latieri indica 5 competencias sociales y emocionales que deberíamos hacer que los niños desarrollaran en su infancia con nuestra influencia en los colegios, los hogares y, pienso yo, los barrios. Ahí van:
“- Autoconciencia: valorar de forma precisa los propios sentimientos, intereses, valores y fuerzas.
- Autogestión: regular las emociones propias para lidiar con el estrés y el impulso de control y perseverar ante los obstáculos; ponerse metas personales y académicas y monitorizar su progresión: expresar adecuadamente las emociones.
- Conciencia social: ser capaz de ponerse en el lugar del otro y de empatizar con los demás; reconocer y apreciar las semejanzas y diferencias individuales y de grupo; reconocer y utilizar los recursos familiares, escolares y comunitarios.
- Habilidades de relación: establecer y mantener relaciones saludables y gratificantes basadas en la cooperación; resistir la nociva presión social; prevenir, gestionar y resolver los conflictos interpersonales; buscar ayuda si es necesario.
- Toma de decisiones responsable: tomar decisiones basadas en la consideración de las normas éticas, las preocupaciones de seguridad, las normas sociales apropiadas, el respeto por los demás y las probables consecuencias de las acciones; aplicar la habilidad de tomar decisiones en situaciones académicas y sociales, contribuir al bienestar en la escuela y en la comunidad.”
Leído del tirón suena un poco abstracto, poco antisistema y seguramente el tipo de cosas que quedan muy bien sobre el papel, pero luego en qué se concretan y, sobre todo, quién concreta la correa en el cuello del galgo. Esto no lo niego, pero me parece igualmente un buen párrafo resumen de lo que hay.
