¿Habíais oído que Apple era una de las empresas que menos cuidaba las condiciones laborales de sus trabajadores? A mí me había llegado algún rumor, pero, como siempre, uno no sabe hasta dónde creer o no creer. Hoy El País publica un artículo de The New York Times, no un artículo en realidad, sino un reportaje de investigación. El tema es las condiciones laborales de los trabajadores de las empresas proveedoras de Apple.
Cuando uno acaba de leerlo la sensación es la de casi siempre: aquí no se salva nadie. Hace unos años eran las empresas de fabricación de ropa deportiva las que estaban en la picota por el uso de químicos contaminantes, empleo infantil, condiciones laborales de semiesclavitud… Quizá porque hace años la ropa deportiva era el bien de consumo de moda.
Ahora lo es la tecnología y se repite la situación. Y no solo Apple, sino básicamente todas las empresa de tecnología. Una segunda sensación que deja la lectura del artículo es que al final uno va a creer lo que sus prejuicios le inclinen a creer. El artículo alterna datos con declaraciones, comunicados e intepretaciones de unos y otros: Apple, exdirectivos de Apple, Foxconn, que es la mayor proveedora de tecnología de Apple en China, empleados de Foxconn, exempleados de Foxconn. Al final ninguno tiene la culpa y todos tienen razón. O sea, que potencialmente mienten todos.
Como es un tema de prejuicios, a los que pensamos que todas las multinacionales son hijas del diablo que no se preocupan por el bienestar de sus trabajadores salvo que la ley o la rentabilidad las obligue, concluimos que son Apple y Foxconn las que mienten. Pero luego, satisfechos con nuestra conclusión, echamos un vistazo a la tele nueva y pensamos en el programa de puntos de Movistar que nos tienta con un móvil nuevo. No necesitamos ni una cosa ni otra, estrictamente. Y si siendo menos estrictos con nosotros mismos sí la necesitáramos, ¿a quién se lo compramos si todas las empresas tienen las manos sucias de tinta china? ¿No podríamos pensar simplemente que la culpa es del gobierno chino, que las viste como prostitutas, y seguir adelante? No sé, se siente uno atrapado. Como los trabajadores de Google, con sus guarderías, sus salas de ping-pong, sus restaurantes, su flexibilidad horaria… atrapados. Como ratoncicos.

Los ratoncitos siempre buscan una salida. Creo que eso es lo que nos corresponde a los humanos cuando nos encontramos en callejones como este: buscar, informarse y tomar una decisión.
Desde que anoche leí el trabajo que publica El País, no he dejado de pensar en el asunto y en cómo enfocarlo en un post. Estaba en ello cuando leí el tuyo, con el que concuerdo.
Saludos.
Un auténtico editorial. Mi pregunta ante todas estas cosas hoy de moda es: ¿para qué? ¿Son auténticamente útiles? ¿Cuáles sirven realmente para que yo produzca algo que me interese o que me beneficie o que me sirva de algo? La mitad de la mitad…
Realmente si nos ponemos a mirar, la unica forma de ser realmente responsables es volviendo a una cueva con taparrabos y buscando el fuego…miedin da.
Gracias por vuestros comentarios. Hoy leo que Apple, Google y Microsoft se las arreglan para pagar impuestos muy bajos en su propio país facturando la mayoría de sus operaciones internacionales en países como Irlanda, que tiene impuestos más bajos y permite derivar parte de los beneficios a sociedades en otros países, entre los que parece que normalmente eligen paraísos fiscales. Google se justifica en su necesidad de satisfacer a los accionistas. En un rápido vistazo por Internet me parece entender que Sergey Brin y Larry Page controlan el 48% de las acciones de Google y Eric Schmidt, directivo de la compañía, otro 10 u 12. En total el 60%. Parece que lo tienen controladito y se podría decir que los más favorecidos de sus medidas fiscales son ellos mismos. Pero lo interesante es que si los fundadores han ido perdiendo paulatinamante control de su empresa vendiéndosela a accionistas es porque preferían diversificar sus inversiones, es decir, tener liquidez para meter el dinero en otros negocios, no tener todos los huevos en la misma cesta, no se vaya a romper. Lo que haría cualquiera, ¿no? Qué sueño me dan, la virgen.